La arquitectura más honesta no siempre nace de un lienzo en blanco, sino de saber escuchar las historias que ya habitan un lugar. En las faldas del Cotopaxi, en la ruralidad de Tanicuchi, la Vivienda de la Señora Teresa parte de una premisa profundamente humana: dignificar el legado de sus ancestros carpinteros. En lugar de demoler una estructura antigua de madera debilitada por el tiempo, el proyecto asume el reto de la restauración consciente. Teresa, jubilada tras una vida dedicada a la medicina tradicional china y la acupuntura, buscaba un refugio para reencontrarse con su origen. La intervención no busca sumar metros cuadrados, sino reconfigurar el espacio para sanar la estructura, elevar las cubiertas para liberar la opresión espacial y tejer una nueva cotidianidad donde la naturaleza, la memoria y el bienestar son los verdaderos protagonistas.
Arquitectura para el cuidado y la salud
Para alguien que comprende el cuerpo humano a través del flujo de la energía, el contacto físico con el espacio que habita lo es todo. El diseño interior descarta la frialdad de las cerámicas para abrazar la calidez de los pisos naturales, permitiendo que los pies descalzos de Teresa sientan la textura y la vibración de la madera en cada paso. Este enfoque en el bienestar físico se extiende al jardín frontal, un espacio íntimo conectado directamente con su dormitorio. Allí, reutilizando las maderas rescatadas de la antigua casa, se construyó una maceta continua a noventa centímetros de altura. Esta decisión geométrica y funcional le permite cultivar sus plantas medicinales sin necesidad de agacharse, adaptando el entorno a su cuerpo y no al revés. En la planta alta, bajo la nueva estructura de la cubierta, un altillo flexible iluminado por una ventana circular no solo recibe a sus hijos durante las visitas, sino que se perfila como un santuario silencioso para sus sesiones de sanación y acupuntura.
El habitar mágico y la memoria de los símbolos
Una casa andina nunca está habitada únicamente por sus ocupantes humanos; es un espacio donde convergen memorias y presencias sutiles. La rehabilitación respeta profundamente esta cosmovisión integrando elementos de alto valor simbólico. La antigua cruz que coronaba la vivienda fue cuidadosamente retirada y reubicada en un volado de madera, perpetuando su rol protector. En el extremo opuesto, una teja sostiene una paloma de cerámica, un gesto poético que rememora los tiempos en que la antigua buhardilla servía para criar aves. Esta magia táctil y visual también se traslada a los materiales: las antiguas esteras del cielo raso descendieron para convertirse en divisiones interiores, y en el corredor exterior, el piso de hormigón esconde piedras de río embebidas, ofreciendo una experiencia sensorial inesperada. Incluso las rutinas rurales se elevan a rituales; la tradicional piedra de lavar no se escondió, sino que se diseñó a medida junto a un asiento bajo cubierta, dignificando una labor que conecta a Teresa con la tierra y sus costumbres frente al área de cultivo.
El diálogo con la luz y el entorno
La interacción con el clima y el paisaje dictó las decisiones más audaces del proyecto. La nueva cubierta a dos aguas, de pendientes verticales y volados pronunciados, no solo protege los tablones exteriores de las inclemencias del clima, sino que esculpe el ingreso de la luz. Sin embargo, es en las ventanas donde la tecnología arquitectónica se vuelve emoción. Concebidas como instrumentos ópticos, sus marcos fueron pintados con acentos vibrantes: rojo para la zona social, amarillo en el dormitorio y naranja en el altillo. Cuando el sol impacta, la luz rebota en estos colores y tiñe el interior de madera, transformando la atmósfera de cada espacio y generando pequeñas alegrías cotidianas al recorrer la casa. El momento cumbre de este diseño lumínico ocurre al amanecer, cuando el sol atraviesa el cristal de la habitación y apunta directamente a los pies de la cama. Así, el primer acto del día no es encender una luz artificial, sino dejar que el calor natural despierte el cuerpo de manera gentil y silenciosa.
Programa Arquitectónico
Planta Baja
Corredor exterior cubierto: Espacio de transición con piso de hormigón y piedras de río embebidas.
Zona social de planta abierta: Cocina, comedor y sala integrados, equipados con una chimenea metálica y conectados visualmente a la doble altura.
Baño: Ubicado frente al núcleo de circulación vertical (gradas).
Dormitorio principal: Espacio amplio para la propietaria, que incluye un área de escritorio.
Jardín frontal íntimo: Espacio exterior conectado directamente al dormitorio principal, equipado con huertos/macetas de madera elevadas a 90 cm.
Zona de lavandería (exterior cubierta): Espacio tradicional rediseñado con piedra de lavar a medida, área de asiento y lavadora moderna.
Patio posterior: Área designada para tendedero de ropa.
Huerto rural: Área de cultivo en la continuación del terreno natural.
Planta Alta (Ático)
Vacío de doble altura: Proyección sobre el área social de la planta baja, caracterizado por una entrada de luz a través de una ventana circular.
Altillo multifuncional: Espacio flexible bajo la cubierta a dos aguas, destinado a alojar a los hijos durante sus visitas y a funcionar como consultorio para sesiones de acupuntur