EL PROYECTO ASOCIATIVO AUTOCONSTRUIDO COMO TRINCHERA FRENTE A LA URBANIZACIÓN MERCANTILISTA DEL HÁBITAT
EL PROYECTO ASOCIATIVO AUTOCONSTRUIDO COMO TRINCHERA FRENTE A LA URBANIZACIÓN MERCANTILISTA DEL HÁBITAT
Del agente marginal a la comunidad táctica de acuerdos
La ciudad contemporánea se encuentra profundamente condicionada por las dinámicas del capital inmobiliario, las cuales transforman el hábitat en mercancía y subordinan la producción del espacio urbano a procesos de acumulación económica. En este escenario, el acceso a la vivienda deja de entenderse como un derecho colectivo y pasa a depender de la capacidad de inserción financiera de los individuos dentro del mercado. Como consecuencia, amplios sectores de la población quedan excluidos de las posibilidades de habitar dignamente la ciudad, siendo desplazados hacia condiciones de precariedad, informalidad o endeudamiento permanente. La vivienda se convierte así en un instrumento de valorización económica antes que en un soporte para la vida comunitaria.
Desde esta perspectiva, la investigación analiza la relación entre marginalización urbana y producción del hábitat, tomando como punto de partida la conceptualización marxista de la superpoblación relativa. Estos grupos, aunque integrados al sistema capitalista, permanecen subordinados a dinámicas de explotación estructural que limitan su acceso a condiciones materiales dignas. En el contexto urbano contemporáneo, esta situación se traduce en dificultades para acceder a vivienda, servicios e infraestructuras de calidad, consolidando formas desiguales de habitar la ciudad.
Frente a estas condiciones, la autoconstrucción emerge como una práctica históricamente desarrollada por sectores marginalizados para responder a la ausencia de alternativas habitacionales accesibles. Sin embargo, las formas de autoconstrucción suelen ser interpretadas desde miradas institucionales como expresiones de informalidad o precariedad, invisibilizando su capacidad organizativa, productiva y social. Esta investigación propone entender la autoconstrucción no únicamente como una solución técnica o económica, sino como una práctica política y colectiva capaz de disputar las lógicas dominantes de producción urbana. Más allá de levantar viviendas, la autoconstrucción puede convertirse en un proceso de construcción de comunidad, aprendizaje compartido y fortalecimiento de vínculos sociales.
En este sentido, se plantea la noción de “comunidad táctica de acuerdos” como una forma organizativa mediante la cual grupos marginalizados pueden desarrollar proyectos asociativos de vivienda desde principios de cooperación, participación y gestión colectiva. La comunidad táctica de acuerdos se configura como un espacio donde el objetivo no es únicamente acceder a un lugar para habitar, sino también construir mecanismos de solidaridad y autonomía frente a las dinámicas excluyentes del mercado inmobiliario. La idea de acuerdo adquiere aquí un papel central, entendida como la capacidad colectiva de establecer objetivos comunes, compartir recursos y sostener procesos colaborativos en el tiempo.
El proyecto asociativo autoconstruido aparece entonces como una estrategia táctica frente a la urbanización mercantilista del hábitat. Su potencial radica en la posibilidad de producir vivienda digna a través de metodologías participativas, capacitación técnica y uso de materiales locales. A diferencia de los modelos inmobiliarios convencionales, centrados en la rentabilidad y la estandarización, estos procesos permiten construir espacios vinculados a las necesidades reales de sus habitantes, incorporando dimensiones sociales, culturales y simbólicas del habitar. La vivienda deja de entenderse como un objeto terminado para convertirse en un proceso abierto, adaptable y colectivo.
La investigación toma como referencia diversos aportes teóricos y proyectuales que han reflexionado sobre formas alternativas de producción del hábitat. Entre ellos destacan las propuestas de John F. C. Turner, quien planteó la idea de “housing as a verb”, entendiendo la vivienda como un proceso social antes que como un producto cerrado. También se recupera el trabajo de Hassan Fathy, cuya arquitectura para las poblaciones vulnerables demostró el potencial del uso de materiales locales y técnicas constructivas tradicionales para generar soluciones habitacionales contextualizadas. Asimismo, se consideran las metodologías participativas de Anna Heringer, orientadas a fortalecer capacidades comunitarias y relaciones interdependientes entre las personas, el territorio y los materiales.
A partir de estos referentes, la investigación sostiene que la producción colectiva del hábitat puede convertirse en una herramienta de resistencia urbana frente a procesos de gentrificación, homogenización y desplazamiento social. En muchas ciudades latinoamericanas, las grandes infraestructuras urbanas funcionan como aceleradores de valorización inmobiliaria, promoviendo nuevas centralidades económicas y transformaciones territoriales orientadas principalmente al beneficio del capital.
La hipótesis central plantea que, si las comunidades marginalizadas logran organizarse en comunidades tácticas de acuerdos y desarrollan proyectos asociativos de autoconstrucción basados en participación, aprendizaje colectivo y gestión compartida de recursos, será posible producir hábitats dignos capaces de fortalecer el tejido social y contrarrestar parcialmente las dinámicas excluyentes del mercado inmobiliario. En este proceso, la arquitectura deja de operar únicamente como instrumento de representación del capital y se transforma en una herramienta táctica para la construcción de comunidad.
La investigación no propone idealizar la autoconstrucción ni desconocer las limitaciones estructurales que enfrentan las comunidades marginalizadas. Más bien, busca reconocer el potencial político, espacial y social de estas prácticas para imaginar otras formas de producción urbana. Frente a una ciudad cada vez más determinada por intereses financieros, el proyecto asociativo autoconstruido aparece como una posibilidad de recuperar el hábitat como espacio de encuentro, cuidado y construcción colectiva de la vida.
Finalmente, este proyecto asociativo proyectado, retomando la teoría de soportes de Habraken, plantea que la circulación y las zonas húmedas, como baños y cocinas, o en algunos casos closets y lavamanos, siguiendo la búsqueda de un programa complejo, terminan constituyéndose como la estructura organizadora del proyecto. Estos espacios se convierten en los lugares por donde atraviesan las instalaciones, pero al mismo tiempo funcionan como soporte funcional, constructivo y estructural de la arquitectura. Siguiendo una lógica más artesanal de construcción, a diferencia de muchos edificios convencionales, la estructura consiste en una serie de parantes verticales que conforman estos espacios de soporte. Asimismo, se organizaron tres tipologías de departamentos de uno, dos y tres dormitorios, cada una con características específicas según las distintas formas de habitar.